Poco hay que decir de los gráficos de Rise of Nations. En este punto es quizás donde más similitud encontramos con los títulos de estrategia anteriores. Se mantiene el punto de vista cenital, con diferentes niveles de Zoom. Los terrenos son variados y de calidad: tundra, hielo, desierto, pradera… quizás echamos en falta un poco de relieve en el terreno, montañas y valles como los que podemos encontrar en C&C Generals, que dan un toque más estratégico al juego.
Las unidades tienen un nivel de detalle muy alto, con modelos tridimensionales muy conseguidos y cuidados y unas animaciones fuera de lo normal. Por ejemplo, podemos observar como las unidades de infantería escudriñan su entorno durante un desplazamiento, o como se fuman un cigarro mientras esperan nuestras ordenes. Todo un lujo para la vista. Los vehículos no son menos, y algunos de ellos, como los tanques pesados, dejan huellas visibles en el terreno o cráteres al explotar.
Los efectos especiales también tienen un aspecto fantástico: humo, estelas de avión, nubes de flechas, explosiones y fuego. Especialmente impactante es la explosión nuclear causada por los misiles que podemos lanzar en la edad moderna: las ciudades quedan literalmente arrasadas mientras una seta atómica se alza sobre ellas y una onda expansiva destroza los edificios y unidades que las rodeen. Todo un gozo contemplar como la capital y las fábricas de nuestro enemigo quedan reducidas a ceniza radioactiva.