A primera vista pocas cosas han cambiado, tanto para bien como para mal. Commandos 3 arrastra el problema de anteriores entregas en cuanto a cámaras exteriores, las ya cuatro conocidas de la segunda entrega. En las tres dimensiones quizás se hecha en falta una gran actualización como la que ha sufrido Warcraft III, aunque si analizamos la esencia del producto, llegaremos a la conclusión de que Commandos es y quiere ser tal como lo vemos, es algo que le diferencia de muchos otros juegos: gráficos detallados que nos introducen de lleno en la Segunda Guerra Mundial. Una mejora para la apariencia gráfica es la inclusión de un mayor número de elementos móviles que afectan a la mision como el tren o los aviones de Stalingrado.
Donde se empiezan a ver grandes cambios es en los interiores, están totalmente diseñados en tres dimensiones, espiar a los enemigos a través de las cerraduras cobra un nuevo sentido, y aquí es donde se perciben las tres dimensiones en toda su esencia, tanto a nivel de vistas como de modelado de los escenarios que son totalmente 3D. Algunos de estos interiores son de gran tamaño y se pueden observar detalles como reflejos en el suelo y efectos de luces.
Por tanto, en esta tercera entrega, se ha mejorado en la medida de lo posible este apartado, por ejemplo se han incluido efectos atmosféricos con gran realismo, respetando al máximo la esencia de la saga que en ningún momento ha pretendido ser un “shooter” en 3D. Quizás en próximos juegos de la marca Commandos, que no pretendan ser una continuación, podremos disfrutar de un juego que saque todo el jugo a nuestras tarjetas aceleradoras, pero posiblemente en ese momento se pierda el auténtico espíritu de O’Hara y sus hombres.