La esencia de Anno 1701 es su jugabilidad. Lo más destacado es que consigue picar al jugador, engancharse al juego, hacer que uno necesite probarse una y otra vez ante nuevos retos y enemigos o rivales cada vez más temibles. Y los obstáculos a sortear no son pocos.
Es un arte conseguir que nuestro asentamiento tenga los almacenes llenos de los diferentes productos y materias primas que nuestro pueblo reclama. Y deberemos gestionar hasta 35 bienes diferentes, entre materias primas y productos manufacturados. La tardanza de un barco, el fin de existencias en los almacenes de una facción con la cual comerciemos, o hasta una súbita plaga de ratas, pueden mermar nuestro stock y dejarnos sin existencias. Y cuando eso ocurra más vale que tengamos un plan B, porque los ciudadanos coléricos portadores de antorchas son difíciles de aplacar. Pero si somos buenos gestores y damos a nuestro pueblo lo que pide, rápidamente comenzaremos a ver pasear por las calles de nuestra ciudad a habitantes de clase cada vez más alta. Así, del pionero inicial podremos llegar al nivel de aristócrata, el cual pagará un tributo más alto y por tanto, nuestros beneficios aumentarán.
Y una máxima que más vale no olvidar: no existe una isla que tenga suficientes materias primas como para conseguir ser auto-suficiente. El comercio es parte fundamental del juego y es donde economía y diplomacia se unen. Porque existe un nivel de producto que no podremos conseguir comerciando con las facciones rivales. Sólo podremos conseguirlo con una buena relación con las culturas foráneas como las chinas, indias, aztecas, etc. Por ejemplo, las lujosas pieles que vanidosamente lucirán los aristócratas de nuestra ciudad sólo podremos conseguirlas mediante las recompensas del agente independiente, un personaje que comerciará con todas las facciones el juego, o si disponemos de una privilegiada relación con el jefe indio. Cabe destacar también que existe la gestión militar en Anno 1701. Y a la vez podemos decir que queda en un segundo plano debido a lo absorbente de la gestión de los recursos. Aunque nunca está de más tener milicias preparadas, buques de guerra, etc... por si las cosas se ponen feas.