La jugabilidad de Rise of Nations es una verdadera joya. Ciertos elementos novedosos aumentan la intensidad de juego, como es el caso de las fronteras y las ciudades. Cada bando tiene un territorio en función del número de ciudades que tenga. Conforme construimos nuevas ciudades o plazas fuertes la línea de la frontera es empujada hacia delante, haciendo disminuir la de nuestro enemigo. Esto es importante porque las unidades militares deberán tener cuidado al adentrarse en territorio enemigo, ya que si no cuentan con apoyo de carros o rutas de abastecimiento su salud bajará rápidamente y morirán sin ni siquiera haber encontrado al objetivo. Una vez ataquemos una ciudad y bajemos sus puntos de resistencia hasta cero empezará una cuenta atrás de dos minutos tras la cual, si la ciudad no vuelve a ser atacada por sus antiguos dueños, pasará a ser de nuestra posesión y ampliará nuestras fronteras. Por ello es importante mantener una guarnición en cada ciudad tras conquistarla, como mínimo durante esos dos minutos, y cuando ya la hayamos asimilado ir a por otra.
Quizás a los neófitos les cueste un poco habituarse a la complejidad y la velocidad con que debemos actuar: Hay que crear cuantas más ciudades y equipamientos mejor en el menor tiempo posible, pero sin descuidar la producción militar ni la recolecta de recursos. El equilibrio es difícil de alcanzar ya que podemos estar empleando nuestros recursos en empujar las fronteras hacia delante y ver como un ejército grande arrasa nuestras pocas unidades, con lo que la derrota está asegurada. En un primer momento es recomendable empezar con la dificultad baja, pero en cuanto empecemos a tener por la mano el sistema, podremos destrozar al enemigo a nuestro antojo, lanzando sobre él cientos de pretorianos, fusileros o bombarderos B-52, según la época.
Quizás lo más divertido del juego sean las batallas difíciles, cosa que encontraremos a menudo. Puede que estemos intentando conquistar una ciudad enemiga, pero que el flujo de soldados de nuestro contrincante nos la haga perder, o que en sus alrededores se cree un campo de batalla donde no paran de llegar nuevas unidades de ambos bandos que no tardarán en morir. Situaciones así son difíciles de superar, sobretodo en las edades poco avanzadas donde todo depende de la infantería y la caballería, pero son un auténtico reto para los estrategas de pro.