El juego empieza cuando tomamos el control de un joven campesino, que ve como los Krugs (unos seres tontos y brutos, parecidos a los orcos), destrozan su granja, su familia y sus amigos. La sed de venganza y la necesidad de saber porque ha ocurrido eso, nos conducirán a través de llanuras, montañas, ríos y ciudades, a través de las cuales adquiriremos nuevas habilidades, armas y compañeros para nuestra campaña.
Tras este sencillo argumento, encontramos un juego de rol igualmente sencillo. Los amantes del rol mas puro se verán defraudados al ver que el control sobre las habilidades y características de nuestros personajes es mínimo, y que el combate se limita a lanzarnos sobre una masa ingente de enemigos y esperar con los brazos cruzados a que nuestros héroes acaben con todos ellos.
La escasa profundidad de la historia es una mera excusa para alternar misiones, una tras otra, que nos afectan a la linealidad de la acción. Da lo mismo que cumplamos o no las misiones que se nos encomiendan, ya que podremos seguir avanzando ciegamente, sin que la historia se modifique. Algo que si dota al juego de cierta libertad es el hecho de que al empezar a jugar tendremos solo un personaje, pero a medida que avancemos podremos reclutar nuevos guerreros y guerreras que nos ayudarán a acabar con el mal. Estos compañeros de trifulcas pueden ser muy variados: guerreros, arqueros, magos o incluso animales de carga que nos evitarán sufrir los kilos de equipo sobre nuestra espalda. El número máximo de personajes es 8, aunque es recomendable reducir ese número para conseguir más experiencia para los que realmente lo necesitan. Cuanto mayor es el grupo, mas tardaremos en subir de nivel.