Os imagináis si todos tuviéramos la suerte de Harry Potter. Me refiero a la grata sensación que nos aportaría el poder realizar algún hechizo que otro. Más de uno se pensaría el meterse con nosotros, aunque seguro que el gobierno tardaría poco en sacar leyes anti hechizos. Por ejemplo, los menores de 18 años no podrían comprar en estancos hechizos de lujuria, incluso los locales de más de 100 metros cuadrados no podrían realizar hechizos y tendrían que habilitar una zona. ¡¡Menudo lió!!
Pero no solo la parte de los hechizos atrae a la gran cantidad de seguidores. El fenomenito Harry viene dado por su intrigante acción, por su calido misterio, por su oscura traición, y por un pasado que remite en el presente aportando lo mejor de una trepidante aventura. Y que mejor que pasar toda esta variedad cinematográfica de la mano de sus mejores amigos, Ron y Hermione. Si hacemos memoria, recordaremos que esta fabulosa entrega de películas empezó, nada más y nada menos que en el 2001. Y para que mentir, yo nunca había escuchazo hablar de este entrañable personajillo, y menos de sus amigos. Pero pronto me engancho, y aun note más, en algún amigo que otro, los pegajosos efectos de Harry Potter.
Ahora bien, si hacemos memoria, nada más estrenar Harry en las pantallas tuvo tanto éxito y recaudo tanto dinero que las lucrativas multinacionales adaptaron el juego para todas las consolas, haciendo un favor a los que padecen incontinencia en los dedos. Película tras película, ha llenado nuestros corazones de magia, y la magia ha culminado con nuestra ilusión. Todo esto lo pasamos a la consola y surge un juego, como es el caso del Cáliz de fuego. Orgías de colores por doquier.