En su día Halo demostró de lo que era capaz la joven Xbox y todo el mundo se maravilló con sus detalladísimos gráficos. Pero ya han pasado 2 años desde su lanzamiento original: la edad no perdona y menos en el mundo de los videojuegos. Si bien podemos afirmar que Halo presenta un aspecto gráfico notable no podemos girar la vista ante unos modelos poligonales o unas texturas de baja resolución impropias de los tiempos que corren. Si la versión para PC, claramente superior a la de Xbox gracias a la potencia del hardware hubiese salido hace 2 años se habría convertido en una verdadera obra de arte.
Por suerte y como he comentado antes gracias al hardware actual podemos jugar a resoluciones muy por encima de lo que cualquier televisión puede proporcionar: hasta 1600x1200, aunque a expensas de unos altísimos requerimientos técnicos. Al tratarse de una conversión de un juego consolero posiblemente no se ha optimizado tanto como sería deseable para el PC e incluso con máquinas potentes preparadas para mover millones de polígonos por segundo los frames bajan alarmantemente. En equipo donde se ha probado, un Pentium IV a 2´4 Ghz con 512 MB de RAM y una VGA Geforce 4 4200 se podía jugar decentemente a una resolución máxima de 1280x1024, e incluso en estas condiciones en ciertos momentos en que aparecen muchos enemigos en pantalla o el aire se llena de disparos el framerate bajaba por debajo de lo recomendable.
La avanzada edad y los altos requerimientos son el principal y único defecto del motor gráfico. El resto son virtudes. Los escenarios siguen siendo tan bellos y espectaculares como recordábamos, las criaturas tienen un aspecto extraño pero sus movimientos y la naturalidad con que actúan los hacen parecer reales. Las unidades de nuestro escuadrón se organizan tácticamente y escudriñan los alrededores, preparados para mandar unos cuantos enemigos al otro mundo en cualquier momento. A nuestro alrededor el mundo es dinámico: las naves surcan el cielo, las balizas lanzan espectaculares bolas de energía hacia el espacio infinito, pero sin duda lo más impresionante y bonito de todo es contemplar en anillo planetario que se extiende sobre nuestras cabezas, cruzando el cielo desde un lado del horizonte hasta el otro.